Con la llegada de las fiestas de fin de año, la utilización de pirotecnia vuelve a instalarse como una práctica extendida que, lejos de ser inofensiva, genera importantes consecuencias para la salud de la población, y particularmente, para ciertos grupos más vulnerables.
Efectos de la pirotecnia
La pirotecnia puede provocar lesiones físicas, quemaduras, traumatismos y daños auditivos, que año tras año saturan los servicios de guardia. Sin embargo, los efectos no se limitan a quienes manipulan los artefactos: el impacto del ruido excesivo afecta de manera directa a diversos grupos vulnerables.
Entre los más perjudicados se encuentran niños y niñas, especialmente los más pequeños, cuyo sistema auditivo aún se encuentra en desarrollo. También resultan gravemente afectados adultos mayores, personas con trastornos del espectro autista (TEA), con trastornos de ansiedad, epilepsia y pacientes con enfermedades cardiovasculares, en quienes el estrés sonoro puede desencadenar crisis, descompensaciones y cuadros agudos.
A esto se suma el impacto sobre personas con estrés postraumático, quienes pueden revivir situaciones traumáticas frente a detonaciones inesperadas, y animales domésticos, que sufren cuadros severos de desorientación y, en muchos casos, accidentes o extravíos.
Los profesionales advierten que muchas de las lesiones derivadas del uso de pirotecnia son totalmente evitables. Por este motivo es fundamental promover celebraciones más responsables y seguras, priorizando el cuidado de la salud, la inclusión y el respeto por quienes más sufren sus consecuencias.
Las fiestas son un momento de encuentro y alegría. Evitar la pirotecnia no significa resignar celebración, sino cuidarnos entre todos.


