El consumo de alcohol afecta negativamente al organismo, dañando el cerebro y el sistema nervioso, hígado, corazón, páncreas y otros órganos, y aumentando el riesgo de cáncer, enfermedades crónicas y lesiones.
En el mes de noviembre se celebra el Día Mundial sin Alcohol, fecha establecida por la Organización Mundial de la Salud (OMS), con el propósito de concientizar e informar sobre los daños físicos y psicológicos que produce el consumo de alcohol a nivel individual, pero también reflexionar sobre el efecto social.
Cómo actúa en el organismo. Una vez ingerido, el alcohol se absorbe rápidamente a través del estómago y el intestino delgado, alcanzando en minutos el sistema nervioso central y otros órganos. Como el organismo lo identifica como una sustancia tóxica, el hígado interviene activamente para metabolizarlo. Ese proceso genera compuestos que pueden causar inflamación y daño celular cuando la ingesta es frecuente o elevada.
Efectos inmediatos y riesgos asociados. El alcohol actúa como depresor del sistema nervioso central. Su consumo altera la coordinación motora, los reflejos, la capacidad de atención y la toma de decisiones. Estas modificaciones fisiológicas incrementan el riesgo de accidentes, lesiones y episodios de violencia, especialmente entre adolescentes y adultos jóvenes.
Además, el alcohol favorece la deshidratación, impacta negativamente en el sueño y puede provocar trastornos gastrointestinales incluso tras consumos ocasionales.
Impacto en la salud a largo plazo. El consumo sostenido puede derivar en cuadros graves como hígado graso, hepatitis alcohólica y cirrosis. También incrementa el riesgo de hipertensión, arritmias, miocardiopatías y diversos tipos de cáncer, particularmente los asociados al tracto digestivo.


